Rebellion

Esta noche me voy a emborrachar

a base de sueños

y planes maquiavélicos.

Voy a asfixiar a cada diablo

en el fondo del vaso,

y voy a vengarme de mi soledad

con cualquier desconocido

que sepa bailar.

Enterraré este amor perdedor,

cansado de apostar

por el caballo equivocado,

y dándome, al fin por vencida,

tomaré como victoria

la mayor de las derrotas.

No hay mayor soledad

que estar sentada a tu lado.

Twisting circle

Era otra mi nostalgia

-en aquel otoño-,

cuando las sombras eran alargadas

y temblaban las luces en la ventana.

-entre la multitud,

entre miles de voces y de rostros-,

viste todas mis heridas

y desvestiste mi alma

como si fueras un tornado.

Tú fuiste la marea que todo se lo llevó.

Te llevaste mi alma y mi nostalgia,

te llevaste cada lágrima

y cada abrazo.

Todo te lo llevaste,

como un tornado.

Barriste los recuerdos

bajo las raíces de mis ojos,

y cosiste las sonrisas que colgaban al atardecer.

Era otra mi nostalgia

-aquel otoño-,

antes de que irrumpieras

como un tornado,

como un haz de luz abrasador.

Antes de que todo ardiera,

tú no tenías siquiera nombre.

Y ahora

-ahora-,

eres mi pareja de baile

-volando sobre los tejados,

girando hasta el amanecer-.

Todo te lo llevaste

como un tornado.

Babel

Ahora que todos los puentes

han ardido

y me quedo en este recodo contigo;

ahora que no hay más mapa

que tu espalda,

ni más estrellas 

que las que imaginamos.

Ahora que nos consumimos

en este silencio,

puedo decirte que

son tus ojos

los que siempre serán peligrosos.

Ahora que tenemos la noche

como mudo testigo de los abrazos;

y ahora que ha caído la Torre de Babel,

nos entendemos entre sueños

apurando la copa de los finales incompletos.

Ahora que, ya solo nos quedan los juegos,

nos arrastramos por el suelo

buscando la absolución que no necesitamos

por un instante de eternidad.

Starry night

Jamás volví a confiar en mí.

En medio de los expresivos silencios

y las miradas calladas;

ante los lánguidos paisajes

-por la ventana,

encontramos el camino a casa:

-se cayeron los satélites del cielo.

Tras la sonrisa cansada

se fueron desvistiendo los misterios,

hasta darnos de bruces contra el suelo.

Seguimos la escalera de estrellas

y allí nos encontraremos

cuando el fin del mundo venga a buscarnos.

Spring

Era un cielo azul sin nubes

con los ídolos destruidos en el suelo:

llegaron florecidos los mirlos;

y mientras deshojábamos margaritas,

vino a encontrarnos la primavera.

 

Ghosts that we knew

No me asusta nombraros,

ir llamándoos uno a uno por vuestros nombres,

y que vayáis llegando

uno a uno, como reflejos en las ventanas,

como las gotas de lluvia,

como las hojas del calendario.

No me da miedo el que nos sentemos

frente a frente y cuerpo a cuerpo.

Cuando vengáis a por mí,

me encontraréis aquí, de noche,

a oscuras, donde siempre

venís a acecharme, fantasmas hambrientos,

con vuestras muecas y vuestros recuerdos.

No sois ya vosotros, sois yo misma dentro de mí.

Lo oscuro, lo incierto, el miedo, los deseos,

el vértigo, el insomnio, el sueño.

Pero cuando llegue la luz y alcéis el vuelo,

pájaros de mal agüero,

me dejaréis aquí, en el suelo,

con el único enemigo al que la luz no espanta,

pero que se aferra con desesperación a la esperanza.

Diario de tu ausencia. Día 6.

Hola, querido. No te enfades conmigo, ya sabes que me lleno de tareas y de excusas para tener que evitar precisamente este momento: el de volver a ti, el de volver a mí.

Las cosas están tomando una dirección bastante preocupante. Todos seguimos un poco sorprendidos por lo que ha pasado en Estados Unidos (yo creo que hasta el sujeto en cuestión no se podía creer que había conseguido ganar), y mira que ya está empezando a ser difícil el que nos sorprendan… Lo malo es que no son sorpresas agradables. Ya queda poco para que termine el año, y ojalá lo haga rápido: hemos perdido a Bowie, a Prince, a Leonard Cohen, al Reino Unido y ahora a Estados Unidos (por no mencionar la guerra de Siria, los atentados terroristas en todo el mundo y la crisis de los refugiados).

Lo que más miedo me da es pensar que no hemos aprendido nada del pasado. Nos encontramos con esa piedra que tanto daño nos ha hecho, y en lugar de sortearla, volvemos a ella para demostrarle que nosotros, el ser más “racional” de los seres existentes, somos los menos racionales, y volvemos a tropezar. Tengo miedo de confirmar mis sospechas, y de que el futuro, que es nuestro por derecho, se quede truncado por decisiones que no hemos tomado y que no dejan de afectarnos.

Ahora que casi tenemos el invierno encima y que la lluvia nos visita día sí, día también, creo que es hora de que empecemos a reflexionar sobre el año que se marcha y el año que entra, para de verdad intentar no repetir los mismos errores, y saltar por encima de esa piedra que nos impide ver que, seamos como seamos como seamos, y pensemos lo que pensemos, todos somos humanos, y como tal, tenemos una humanidad que nos une más allá que cualquier otro vínculo. Quiero intentar ser optimista, porque hay cosas que se me clavan en el alma como los dientes de un perro hambriento y creo que, hablar de cualquier otra cosa, sería una completa banalidad.

A veces pienso que no sé dónde viviremos: si allá lejos, donde tú estás y todo parece más formal, o si acá, en el reino del sol y de la moral relajada…  Qué fácil sería pensar todo esto juntos, y borrar todas las dudas y todos los miedos a fuerza de besos, aunque sólo fuera por un momento. Ojalá que todos los fantasmas se queden en sus pesadillas y no se vuelvan de carne y hueso; que las amenazas queden a merced del viento y lleguen a oídos sordos y desinteresados; y que todo esto que hoy me preocupa, quede perdido entre el mar de recuerdos de lo que pudo ser y no fue.

Ojalá que no tenga que haber más ausencias, y que solo haya retornos. Ojalá que no haya más piedras que no podamos sortear juntos. Ojalá que el año que viene tengamos más buenas que malas noticias.

 

Partner in crime

Tú, que conoces todos mis sueños

y eres la respuesta a todas mis preguntas;

tú, que eres mi ritmo en el vals

y mi pareja de juego.

Tú que eres mi mitad,

y más de la mitad de mis pensamientos:

coge mi mano y sal a bailar.

Tú que todo lo entiendes

y que me ves transparente;

salvas las distancias

y en un segundo te plantas en mi cama

-cada noche, al despertar.

Tú que todo lo eres,

sé también mi cómplice en todos los crímenes

y en todos los amaneceres.

Recuerdos del verano

Todavía es pronto para decir que el verano ha terminado, y no sólo por las altas temperaturas, sino porque yo sigo en suspenso, como si fuera un ordenador hibernando.

Ha sido un verano largo, el calor dilata el tiempo y éste parece extenderse sin fin. Ya casi no recuerdo cuándo empezó. Lo mismo me pasaba cuando era una niña y me iba los tres meses de vacaciones a la casa de mi abuela en el pueblo. Al cabo de una semana ya me sentía totalmente integrada y los días pasados en el colegio comenzaban a volverse difusos y mis compañeros eran sustituidos por los niños que vivían allí. Todo mi mundo entonces se centraba en la realidad que me rodeaba.

Lo mejor era que los días parecían tener 48 horas y te daba tiempo a hacer de todo, hasta aburrirte dos veces al día. La peor parte siempre era la terrible espera de la digestión después de comer: había que pasar religiosamente dos horas (que solían coincidir siempre con las de más calor) con las persianas bajadas para que no te diera un chungo, o bien viendo la telenovela con mi abuela (porque ella era la jefa del mando), o bien, echándome la siesta. Durante esas dos horas el mundo parecía ralentizarse y todos caíamos bajo ese agradable sopor producido por la digestión y las altas temperaturas. Pero, en cuanto el reloj daba las seis, saltaba del sofá y salía fuera a jugar, y el mundo parecía reiniciarse conmigo.

Es curioso cómo éramos antes. Mis hermanos y yo nos pasábamos horas en la calle jugando a cualquier cosa con cualquier cosa: al pilla-pilla, a la pelota, al escondite (que me ponía horriblemente de los nervios)… Andábamos de un lado para otro sin un destino fijo pero siempre con una idea en mente (aunque, ¡ojo!, no siempre eran “buenas” ideas). Y, sin embargo, ahora los niños no salen a la calle más que para jugar al PokemonGo o para ir a casa de un amigo a jugar a la consola. Es una pena que no desarrollen su imaginación ni que jueguen a ser policías persiguiendo a ladrones, o exploradores o piratas… Yo no quiero una realidad virtual, yo quiero la realidad que nosotros mismos podemos crear a través de las palabras y a través de nuestra imaginación.

El verano siempre ha tenido un poder especial para hacerme soñar. Quizás en esos largos días de verano pasados en pleno campo haya tenido lugar el germen que ahora me empuja a escribir y a inventar historias. Quizás todo se deba a un sueño de verano.

Por fortuna o por desgracia, septiembre era el mes que terminaba rompiendo el letargo: la vuelta a casa y el reencuentro con los compañeros y con mi día a día en el colegio. Éste verano también ha sido un verano plagado de sueños, he estado bastante desconectada y lejos de mi vida aquí, en Madrid. Ahora llega septiembre, pero no amenaza con llevárselo todo, sino con mantenerlo. Parece que el otoño se resiste a llegar, así que quizás podemos darnos la vuelta en la cama y seguir soñando…

Home

Vendrán a caer las sombras sobre nosotros

y nos encontrarán aquí sentados:

uno frente al otro,

en esta casa que es nuestra casa

y que tú puedes llamar hogar.

Aquí estaremos, cuando

la noche venga a encontrarnos,

orgullosos y en silencio.

En este mundo que hemos creado,

-que es solo nuestro

y que solo contiene nuestros sueños-

hicimos de la soledad un reino

y de los besos un hogar.

La noche nos encontrará despiertos y sin miedo,

dispuestos a marchar;

cuando los fantasmas se hayan ido

y ya no queden más recuerdos que colgar,

nos sentiremos en silencio

transparentes ya;

en este mundo que hemos creado

y llamado hogar.

Cuando vengan las sombras

y caigan sobre nosotros,

tú podrás entonces mirarme

y llamarme hogar.