Todos los caminos llevan a tu lado

, que me liberas

de todas las cárceles de palabras en las que sola me encierro;

y le das sentido a cada amanecer

desde que el tiempo es tiempo;

rompes con el sinsentido

que cada vez me rodea más.

Yo, que me canso de apostar,

mientras que estás dispuesto a ganar:

salimos a contar las olas del mar.

( tienes todo el calor,

y yo no he dejado de tener frío).

Si te marchas,

me voy contigo.

Todos piensan

que estamos un poco enamorados de la tristeza.

¿Qué sabrán ellos? ¡Majaderos!

y yo compartimos el silencio

desde que en aquel banco

te di el primer beso:

solo nosotros lo sabemos.

No me arrepiento de nada contigo,

pues todos los caminos llevan a tu lado.

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[De fondo suena U2]

Impares

Tú y yo sumamos uno:

impares,

como mis latidos.

Andamos cojos

y abrazamos sin brazos.

¡Cuántos tarros sin tapa

como caballeros sin sombrero!

Pasar del todo a la nada

sin despegar del suelo.

Uno y uno suman tres:

nadie me dijo como volver.

Tú y yo sumamos cero,

sin conocernos;

y sin querer hacerlo,

compartiendo a medias un secreto.

La soledad me pertenece,

o yo a ella.

No recuerdo quién durmió primero

de cara a la pared.

Se nos pasan los años

de madrugada y con mala cara,

arrastrando los pies,

y cerrando los ojos

a fuerza de tragar espíritu.

Uno más uno suman dos

solo un segundo.

Los pares son felices

huyendo siempre de los impares:

los malditos,

los proscritos,

los incompletos.

Si tú me dejaras….

Si tú me dejaras

te cubriría el cuerpo entero de besos.

Llenaría de caricias

el mejor traje

llamado tu piel;

revestiría de amor

cada recoveco de tu corazón,

sintiendo contra mí

el dulce sonido

de tu respiración;

tu vida,

tu calor,

todo tú:

todo mi amor.

Buenos días y Feliz viernes 🙂

Una mañana cualquiera…

10:23 de la mañana. Estoy en mis prácticas no remuneradas y me aburro. Mucho. Sigo pensando en Rilke y decido seguir su consejo: buscar la inspiración en mi día a día. Bien, pues aquí va… ¡Una mañana cualquiera en mi vida!

El despertador suena a las 8:30 porque tuve la genial idea de buscarme unas prácticas en verano para engordar el currículum (porque lo que es dinero, no me dan ni los mocos para un remedio), así que me levanto como puedo y me preparo para ir a trabajar. Nunca he sido muy sociable en los desayunos. Considero que es de mala educación sostener una conversación prolongada antes de las 11 de la mañana, así que gruño afablemente a toda persona que me encuentro en el pasillo. Una vez que he conseguido adecentarme un poco, salgo a la calle.

Ha vuelto el calor, pero lo bueno de madrugar es que las temperaturas son más suaves, así que hace un día fantástico y la luz del sol es tan brillante y bonita que pone de buen humor a cualquiera. “¡Ojalá que sea un buen día!” suelo pensar. Claro que, luego llego al metro, y el metro de Madrid es todo lo contrario a bonito y/o positivo.

¿Alguna vez habéis cogido la Línea 6 en Cuatro Caminos? Para aquellos afortunados que no lo habéis hecho, permitidme que os lo describa: consta de cuatro infinitos tramos de escaleras mecánicas que descienden hasta el Inframundo. El día menos pensado aparece Lucifer tocando el acordeón al lado del señor que toooodas las mañanas toca la flauta en una de las esquinas.

En fin, la romántica Línea 6. Luego cojo la Línea 9 y ya voy directa al trabajo. Esto interesa a las chicas: si os ponéis falda, cuidado al bajar las escaleras mecánicas. Hoy iba yo cabeceando y un viento muy traicionero me ha puesto la falda de sombrero. Lo lamento por todos aquellos que han tenido que verlo.

¿Lo mejor de todo el trayecto? La casa lúgubre de Charles Dickens. Me acompaña desde hace casi dos semanas y no me canso de leerlo. La versión de bolsillo tiene 1052 páginas y de primeras impresiona. Pero después, empiezas a leer y ya no puedes dejarlo. La narración de Dickens es tan sencilla y, al mismo tiempo, tan elaborada que no te cansas de leerlo ni llegas nunca a aburrirte. Sobre todo porque hay dos narradores: uno omnisciente y otro en primera persona que se van intercalando, y aunque al principio parece que habla de dos historias separadas con personajes que no tienen nada que ver, progresivamente se van descubriendo una serie de entresijos y paralelismos en el que todos están relacionados. Yo solo llevo 350 páginas y no puedo dejar de leer ni de elucubrar.

la casa lúgubre
Portada de La casa lúgubre (DeBolsillo)

Los personajes de Dickens son tremendos, además mete tantos como sean necesarios. Hay veces que es un poco lioso, porque no te acuerdas de quién era alguno, pero los consigue diferenciar y dotar de una personalidad tan diferente, que hasta llegas a creer que también son conocidos tuyos. Además, a veces hace retratos tan ridículos de la sociedad que te tienes que reír. Es como la vida misma (aunque nos separen dos siglos).

Una de las cosas que más me gusta de este libro es la enorme crítica que hace sobre el sistema judicial británico, que es el telón de fondo de la historia. Los pleitos inacabados, los entresijos de los abogados, la pachorra con la que se toma los juicios el Lord Canciller… Dickens crítica todo este sistema mediante sus personajes, pero también como narrador omnisciente de una forma un poco más sutil. Es genial.

La casa lúgubre me ameniza el camino al trabajo y de hecho lo sigo leyendo hasta que prácticamente salgo de la estación de metro.

Y ahora ya veis, estoy trabajando tanto, tanto que hasta tengo tiempo de escribiros un rato… ¡Corto y cambio!

Las cartas que todo joven poeta quisiera recibir

Como ya os decía en el post anterior, hoy me he encontrado otra vez con Las cartas a un joven poeta de Rilke.

Me compré el libro en la Feria del Libro Antiguo de Madrid hace ya unos años. Lo primero que me llamó la atención fue el título, porque, ¿quién no ha deseado tener nunca un mentor literario que te aconseje y te descubra mundos y autores nuevos? Me convencí a mí misma que era uno de esos casos en los que el libro elige a su lector, y me lo llevé a casa más feliz que una perdiz, como si me hubiera comprado al mismísimo Rilke en persona.

Hacía mucho que no me acordaba de este libro, y esta mañana, por casualidad, nos hemos vuelto a encontrar.

cartas rilke
Portada del libro (Alianza Editorial)

Es curioso cómo un mismo libro puede despertar distintos pensamientos e impresiones en el mismo lector, con la única diferencia del tiempo que separa ambas lecturas. La primera vez que lo leí, me gustó muchísimo, pero no capté ni la mitad de la esencia ni de las enseñanzas que contiene. Esta segunda vez, me ha conmovido profundamente, y aún sin conocer las respuestas de Kappus, yo me sentía el propio Kappus.

Me explicaré un poco mejor: este libro está compuesto por diez cartas que Rilke mandó a su joven amigo Franz Xaver Kappus entre 1903 y 1908. Kappus contaba con apenas veinte años cuando estaba en pleno servicio militar. Era un soldado con alma de poeta, así que, al descubrir que Rilke también había servido como militar en su mismo campamento, le escribió una carta incluyendo alguno de sus versos para que Rilke le diera su opinión. Comenzaba así una relación epistolar que se alargaría durante cinco años.

Los consejos que Rilke le da al joven poeta se podrían aplicar a cualquier aspirante a escritor y si aún no habéis leído este fantástico libro, os lo recomiendo encarecidamente (además no es muy largo, ya digo que me lo he vuelto a leer enterito esta mañana).

La primera carta es para mí, sin duda alguna, la más brillante y directa de todas. Rilke se dirige sin rodeos a Kappus y le dice: si no eres capaz de vivir sin escribir, entonces hazlo. Esto es lo primero que tienes que tener claro, y continúa:

“Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie… No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo”.

Es algo que le vuelve a repetir de forma incesante en las cartas: la búsqueda interior del propio autor para alcanzar la verdad y la respuesta a todas sus dudas. Además, el mejor estado para llevar a cabo esta difícil tarea es en absoluta soledad. “Sólo hay una y es muy difícil” le dice Rilke, pero a cambio, en ella va a encontrar el conocimiento y el crecimiento personal que le falta.

En cuanto a la temática y a la inspiración, el poeta checo se muestra tajante: “No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles”, ya que es más complicado aportar algo propio donde ya hay multitud de buenos autores. Rilke le anima a buscar la inspiración en su propio día a día, en sus tristezas y en sus anhelos, en sus pensamientos fugaces y en su fe en algo bello. Y si esto no es suficiente, entonces que recurra a los recuerdos.

“Para un espíritu creador, no hay pobreza”, afirma rotundo Rilke, y continúa diciendo que “el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido”.

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El poeta Rainer María Rilke

Otra cosa que me gusta mucho de estas cartas, son los ánimos que Rilke le da al joven soldado y poeta, que está harto y hastiado de su trabajo, que tan poco tiene en común con sus verdaderas inclinaciones. “Sólo puedo aconsejarle”, escribe Rilke en la carta número 6, “que considere si todas las profesiones no son también así: llenas de exigencias y de hostilidad para cada individuo y, en cierto modo, saturadas del odio de cuantos se han conformado, mudos y huraños en su sordo rencor, con el cumplimiento de un deber insulso y gris, falto de toda ilusión…”.

Este consuelo se complementa con lo que Rilke expone también en la carta número 10, la última de todas: el arte se amolda a cualquier tipo de vida. Es decir, da igual lo que hagas en tu vida cotidiana, tanto si eres soldado, político, profesor, bombero, ingeniero… El arte persiste y se mantiene como una realidad invariable. Es más, Rilke arremete contra las carreras artísticas, ya que, a su modo de ver “niegan y socavan la existencia de todo arte”.

Así que no hay excusa si el arte forma parte de tu vida. No es algo de lo que te puedas desprender, sino algo que debes cultivar, mantener y hacer crecer. Rilke sabía lo que decía.

Érase una vez…

… una chica que soñaba con escribir.

Quizás suene poco prometedor, pero todos sentimos alguna vez el impulso de expresarnos y comunicarnos a pesar de todo y sobre todo. Como Knut Hamsun solía defender: “vivimos porque nos expresamos” y yo he decidido seguirlo al pie de la letra.

¿Por qué me lanzo ahora a escribir un blog? Hoy he estado releyendo Cartas a un joven poeta de Rainer María Rilke y se me ha encendido la bombilla. En la primera carta (que es también mi favorita), Rilke le dice a su joven amigo Kappus: “una obra de arte es buena si ha nacido de una íntima necesidad”.

No pretendo (ni aspiro) a que este pequeño blog se convierta en una obra de arte (¡que ojalá!), pero sí que responde a una íntima necesidad: a mi necesidad de escribir y de explayarme sobre aspectos que quizás a nadie resulten relevantes salvo a mí; de contar hechos e historias que pueden ser tanto reales como ficticios; de describir imágenes y sentimientos; de liberar mi mente y divagar sobre lo mucho que adoro los libros y por qué considero esencial la literatura; de reivindicar la poesía; de soñar… y en fin, de expresarme, que a fin de cuentas es para lo que escribo este blog.

Así pues, comienza ya esta aventura.