La culpa es mía

Yo, que nunca supe contar hasta diez y que nunca supe cómo explicarme, se me acaba la paciencia en esta eterna espera que desespera.

Siempre pidiendo perdón y permiso; siempre midiendo las palabras y contando los latidos; siempre intentando contentar a todos y haciendo infelices a muchos. Como si hubiera un camino, como si hubiera una solución. Como si hubiera un algo en esa inmensa nada que todo lo engulle y que no deja… nada.

¿Cuándo encontraré la forma de cambiar?

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