Domingo

Todos los domingos tienen algo de depresivo.

Incluso los de vacaciones. La sola mención de la palabra “domingo” siempre suele producir algún que otro suspiro. Como si fuera un castigo. Domingo. Ahora me toca hacer todo lo que el viernes dije que haría el sábado, y todo eso que el sábado ni siquiera intenté hacer. Y ahora estamos cara a cara tú y yo, domingo. Y me toca sentarme en la mesa a enfrentarme a la pila de libros que tengo delante. No sé ni por dónde empezar.

La ventana abierta deja entrever el sol y el limpísimo cielo azul. Es como si la alegría misma se colara por mi ventana. Mi cabeza empieza a divagar y me pongo a pensar en todas las cosas que podría hacer si no tuviera que estar aquí sentada. Entonces tengo que bajar un poco la persiana y cortarle el paso a esa brillante alegría que me trae el suave viento por la ventana…

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