Diario de tu ausencia. Día 3

Probablemente ya lo hayas visto, pero el mundo se está volviendo loco. Aún más.

El otoño ha irrumpido con el miedo y desde lo de París, todos andamos un poco más inseguros, un poco más recelosos, un poco más alerta. El frío ha tardado en llegar, pero como en Madrid desde hace ya unos años no hay ni primavera ni otoño, podíamos presentir que el invierno se iba a presentar duro.

Ya no entiendo ni al mundo ni a sus habitantes, aunque a estas alturas dudo mucho que alguna vez lo hiciera. Ya no es sólo que el hombre sea un lobo para el hombre, sino que las golondrinas no volverán a colgar sus nidos en tu balcón, porque en realidad nunca se marcharon. El verano se resistió a abandonarnos, ya ves, en noviembre a veinte grados; pero no los recuerdos. A ésos se los llevó el viento.

Yo te llevo allá adonde vaya y voy repitiendo nuestra historia por las calles de esta ciudad, que poco a poco se va cercando cada vez más. Ojalá poder estar juntos ahora y quitarnos el miedo a base de besos. Qué lejos estás ahora, tú, allí tan seguro, y yo aquí, temblando como las hojas que se resisten a desprenderse de los árboles.

El otro día fui a uno de esos eventos que tanto nos gustan a nosotros. Manuel Vicent estuvo allí y dijo que los filósofos del futuro iban a ser los manuales de instrucciones. La filosofía moderna son las máquinas, y los compendios del saber, sus manuales. Si no fuera tan terrible tendría hasta gracia la comparación.

El futuro. Todo el mundo habla sobre el futuro, pero, ¿qué narices es eso? Cómo si no tuviéramos suficiente con el presente. ¿Por qué siempre el futuro se presenta tan oscuro? ¿Por qué no nos dejan ser optimistas? Supongo que será por lo que dijo Maquiavelo, que es mejor ser temido que amado y en un mundo dominado por el miedo, es más fácil manejarnos. Al final todos terminamos siendo lobos esteparios.

Yo no quiero ese futuro frío y deshumanizado, podrido de miedo y odio; yo solo quiero un presente contigo, y ya iremos construyendo juntos, poco a poco, un mañana más brillante y esperanzador. Para que las golondrinas puedan marcharse y volver. Para que siga habiendo primaveras. Para que ya no haya más guerras.

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