San Valentín con Salinas

En un día tan romántico como hoy, he querido hacerle un pequeño homenaje al poeta que, para mí, es uno de los mejores poetas del amor en lengua castellana: Pedro Salinas.

Dentro de la Generación del 27, Salinas (Madrid, 27 de noviembre de 1891- Boston, 4 de diciembre de 1951) escribió narrativa, ensayos, obras de teatro e hizo una impecable traducción de Proust, pero sin duda, lo que más destaca de toda su obra son sus poemas.

Aunque atravesó varias etapas creativas, sus poemas se caracterizan por una aparente sencillez y cercanía que indagan en lo más profundo del sentimiento amoroso. Los versos son cortos y suelen carecer de rima. Como él mismo escribió en sus cartas: “Estimo en la poesía, sobre todo, la autenticidad. Luego, la belleza. Después, el ingenio”[el epistolario con su mujer Margarita y con su amante Katherine Whitmore merecen una mención aparte, porque son otra magnífica obra en prosa que reflejan a la perfección  la profundidad del amor en el corazón de un hombre, de sus sentimientos, sueños y pensamientos, de una forma tan clara y bella, que llegan incluso a parecer nuestros.]

Lo que más me gusta de Salinas es la forma en la que habla sobre el amor: en absoluto es una fuerza oscura o deprimente, no hay penas de enamorado en sus obras, sino todo lo contrario: la plenitud de la vida, el enriquecimiento del propio ser  y el nuevo sentido que cobra el mundo, como solo puede producirse cuando se está enamorado. ¡Qué alegría vivir  sintiéndose vivido…!

El amor es la mayor fuerza que mueve el mundo, como decían los neoplatónicos del Renacimiento. Salinas trata todos los temas que pueden surgir en una pareja: el autoconocimiento y el conocimiento del otro, el pasado amoroso, el futuro conjunto… Es muy curioso, pues no hay nada que no haya pensado yo y sobre lo que él no haya escrito. Salinas es y fue la voz de todos los enamorados.

Por eso, qué mejor forma de cerrar este breve homenaje, que con mi poema favorito: un poema que habla sobre el amor puro y verdadero, sin máscaras, ni disfraces ni escondites. El amor al desnudo frente al mundo. Y dice así…

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

(La voz a ti debida, 1933)

Feliz día de San Valentín para todos 🙂

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