Julio

Me gusta la quietud de los días de verano, pero hay que tener cuidado para no terminar engullido por ella.

La suave brisa, el sol alto y amenazador, la pacífica sombra que te resguarda de todo mal… Es muy fácil perderse en un día de verano. La mente se vuelve plomiza y los pensamientos terminan por ralentizarse. Y es en esa quietud cuando recuerdos que creíamos desterramos vuelven a surgir de puntillas, quedamente; sensaciones que habíamos olvidado, de la infancia o incluso de más lejos, vuelven a asaltarnos, pero no buscan atormentarnos, sino llevarnos lejos, a la despensa de la memoria, donde guardamos lo más íntimo. No sé si solo me pasa a mí, pero en cuanto empieza a apretar el calor, se me va la cabeza y parezco un adorno más de la casa. Me encanta sentarme a cavilar y que pase el tiempo sin que me dé cuenta. En silencio, como si no quisiera molestar; como si no hubiera más público que mis pensamientos.

Y cuando despierto de este sueño con los ojos abiertos y miro el reloj, siempre me sorprendo de lo rápido que ha pasado el día, pero me excuso a mí misma diciendo que, en absoluto, ha sido un día perdido.

¡Larga vida a los meses de verano y a su beatífica influencia! 😀

Feliz mes de julio a todos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s