Diario de tu ausencia. Día 6.

Hola, querido. No te enfades conmigo, ya sabes que me lleno de tareas y de excusas para tener que evitar precisamente este momento: el de volver a ti, el de volver a mí.

Las cosas están tomando una dirección bastante preocupante. Todos seguimos un poco sorprendidos por lo que ha pasado en Estados Unidos (yo creo que hasta el sujeto en cuestión no se podía creer que había conseguido ganar), y mira que ya está empezando a ser difícil el que nos sorprendan… Lo malo es que no son sorpresas agradables. Ya queda poco para que termine el año, y ojalá lo haga rápido: hemos perdido a Bowie, a Prince, a Leonard Cohen, al Reino Unido y ahora a Estados Unidos (por no mencionar la guerra de Siria, los atentados terroristas en todo el mundo y la crisis de los refugiados).

Lo que más miedo me da es pensar que no hemos aprendido nada del pasado. Nos encontramos con esa piedra que tanto daño nos ha hecho, y en lugar de sortearla, volvemos a ella para demostrarle que nosotros, el ser más “racional” de los seres existentes, somos los menos racionales, y volvemos a tropezar. Tengo miedo de confirmar mis sospechas, y de que el futuro, que es nuestro por derecho, se quede truncado por decisiones que no hemos tomado y que no dejan de afectarnos.

Ahora que casi tenemos el invierno encima y que la lluvia nos visita día sí, día también, creo que es hora de que empecemos a reflexionar sobre el año que se marcha y el año que entra, para de verdad intentar no repetir los mismos errores, y saltar por encima de esa piedra que nos impide ver que, seamos como seamos como seamos, y pensemos lo que pensemos, todos somos humanos, y como tal, tenemos una humanidad que nos une más allá que cualquier otro vínculo. Quiero intentar ser optimista, porque hay cosas que se me clavan en el alma como los dientes de un perro hambriento y creo que, hablar de cualquier otra cosa, sería una completa banalidad.

A veces pienso que no sé dónde viviremos: si allá lejos, donde tú estás y todo parece más formal, o si acá, en el reino del sol y de la moral relajada…  Qué fácil sería pensar todo esto juntos, y borrar todas las dudas y todos los miedos a fuerza de besos, aunque sólo fuera por un momento. Ojalá que todos los fantasmas se queden en sus pesadillas y no se vuelvan de carne y hueso; que las amenazas queden a merced del viento y lleguen a oídos sordos y desinteresados; y que todo esto que hoy me preocupa, quede perdido entre el mar de recuerdos de lo que pudo ser y no fue.

Ojalá que no tenga que haber más ausencias, y que solo haya retornos. Ojalá que no haya más piedras que no podamos sortear juntos. Ojalá que el año que viene tengamos más buenas que malas noticias.

 

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3 comentarios en “Diario de tu ausencia. Día 6.

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