¡Feliz día del Libro!

Porque si hay algo en mi habitación, eso son libros, y espero que jamás nos falten en las estanterías, como puertas a otros mundos, y a las ganas de soñar. Porque nunca nos falte la imaginación ni la compañía de un buen libro.

¡Feliz día del Libro a todos! ¡Y larga vida a los siempre fieles, sabios e incomparables libros!

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Las cuatro estaciones del amor de Grégoire Delacourt

La verdad que no suelo leer muchos libros actuales, porque hay tantos, tantísimos clásicos que leer antes, que siempre acabo ignorando la sección de novedades y me retiro discretamente hacia la sección de clásicos.

Este libro es una excepción porque fue un regalo de mi padre. Leyó el título y se acordó de su hija, que es una romántica empedernida, y claro, Las cuatro estaciones del amor iba a gustarme sí o sí.

Es un libro muy bonito, pero terriblemente triste. No apto para leer en el metro u otros lugares públicos si eres de lágrima fácil, como yo. Está compuesto por cuatro historias de amor, que van desde el inocente y arrollador amor de adolescencia, hacia el calmado y confiado amor en la vejez. En el medio encontramos la desilusión del amor fallido, las esperanzas rotas y la crisis de mediana edad, que puede llegar a poner en jaque el matrimonio tras muchos años compartidos. Todas las historias están conectadas por producirse en el mismo lugar, y en la misma fecha: la idílica playa de Le Touquet en la costa norte de Francia, el 14 de julio (una fecha muy remarcada para los franceses) de 1999.

Como buen best-seller, su prosa es muy fluida y muy sencilla. Las descripciones son muy visuales, pero los personajes no tienen un desarrollo muy profundo, no llegan a evolucionar a medida que la trama se desarrolla. Es cierto que puede ser una metáfora de la obcecación del enamorado, pero no llegan a ser del todo creíbles. Aún así, las historias son muy hermosas y todas se relacionan con un tipo de flor. Es un drama muy a la francesa que intenta desentrañar el complicado mundo del amor y de las relaciones humanas con el paso de los años.

Su escritor, Grégoire Delacourt es muy famoso en Francia por la publicación de su primer libro La lista de mis deseos, que ha sido todo un éxito y se ha traducido a varios idiomas. Las cuatro estaciones del amor es su segundo libro, y tiene pinta de seguir el mismo camino que su antecesor. Lo mismo en unos años tenemos hasta la película.

Sea como sea, éste libro ofrece una lectura amena y fácil, ideal para llevarte de viaje o para desconectar en  vacaciones, aunque quizás no sea la opción más alegre. Si te gustan los dramas de enamorados o si solamente quieres reflexionar sobre este complejo sentimiento que lleva dando que hablar desde hace siglos, sin duda, este es tu libro.

Los hermanos Karamázov

Esta monumental obra de Fiódor M. Dostoievski llevaba ya un tiempo en mi estantería. Es uno de esos libros que tienes que leer llegado el momento, y no sólo porque su más que considerable extensión (tiene 1103 páginas, nada más y nada menos) pueda disuadirte de empezar, sino porque su historia y sus personajes pueden llegar a influenciarte hasta el punto de llegar a considerarlos como algo propio.

Dostoievski es uno de los grandes autores de la Literatura Universal. Su escritura fluida y descriptiva crea enormes momentos de tensión y sabe perfectamente cómo mantener enganchado al lector, encadenando las historias de los más diversos personajes y conmoviendo todos los corazones con los episodios más trágicos y patéticos que sólo el carácter ruso puede representar. La sociedad rusa, con todos sus convencionalismos, sus tradiciones y sus pasiones, está atrapada entre sus páginas, y aunque los nombres tan largos (Fiódor Pávlovich Karamázov, Katerina Ivanovna, Iván Fiódorovich…) pueden llegar a ser algo engorrosos, no son un impedimento para quedar atrapado por la sucesión de episodios que se van desarrollando y que van desembocando en un fatal desenlace. Sin duda alguna, su lectura es muy amena y fluida, y cuando quieres darte cuenta, ya llevas leídas doscientas páginas y son las tres de la mañana.

La historia gira en torno a Fiódor Pávlovich Karamázov, un terrateniente borracho, mujeriego y corrompido que vive por y para sus intereses, y sus hijos Dmitri, Iván, Alexei y Smerdiakov, cada uno más opuesto al anterior. Dmitri es irracional y apasionado, incapaz de controlar sus impulsos y emociones; Iván es frío, inteligente y calculador; Alexei, el pequeño, es muy religioso, así como la pieza clave entre las relaciones con sus hermanos y su padre; Smerdiakov, por su parte, es hijo bastardo reconocido parcialmente, rencoroso y resentido. El padre se desentiende de sus hijos cuando estos son apenas unos infantes, y años después, Dmitri se enfrentará a él por engañarle con su herencia… y por estar enamorados de la misma mujer. Los problemas y las discusiones irán aumentando hasta que la tensión sea casi insostenible y todo desemboque en un asesinato… con un asesino muy claro.

Las relaciones contradictorias y las pasiones desbordadas inundan este libro, donde los sentimientos priman sobre la razón y donde los personajes están fatalmente condenados por culpa de sus caracteres y su irremediable destino karamazóviano.

Su lectura es apasionante. Es imposible no cogerle cariño a Mitia con su arrebatos coléricos, simpatizar con Aliosha en ese nido de locos, e incluso con Iván, cuando al final se demuestra cómo es en realidad. Este libro enseña el lado más oscuro de las relaciones humanas, con todos sus egoísmos y sus sinsentidos.

Esta obra ha sido adaptada al cine en diversas ocasiones (en 1958 y en 1969), e incluso al teatro (hace un mes estaba en el Teatro Valle-Inclán con Juan Echanove en el papel de Fiódor Karamázov), pero yo soy de la opinión de que primero va la obra escrita, y luego ya la representación.

Sin duda espero que, llegado el momento, todos disfrutéis de su lectura, pues es una obra fundamental en la Literatura Universal, y uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Más que recomendable.

The Versatile Blogger Award

Antes de que Gabriela J. de The Velvet Books me nominara, debo reconocer que no había oído nunca hablar de esta iniciativa. Pero, tras haber investigado un poco, me parece una idea fantástica el que los propios bloggeros nos apoyemos los unos a los otros y que hagamos un post en el que mencionemos (o nominemos) a aquellos blogs que más nos gustan.

Antes de mis nominaciones, quiero agradecerle profundamente a Gabriela su nominación, porque me ha hecho muchísima ilusión y me siento muy honrada (sobre todo cuando ella tiene un blog cien veces más bonito que el mío y sus reseñas son siempre la mar de interesantes).

-Requisitos de las nominaciones:

Mostrar el logotipo y el enlace con el blog de origen.

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Nominar al menos 15 blogs que hayas descubierto recientemente, o que sigas con regularidad y avisar a sus responsables.

  1. María M. Minguez
  2. Hazme poeta
  3. Eli Castell
  4. The Velvet Books
  5. Los labios de Valeria
  6. Non perfect. El blog imperfecto.
  7. La hierba roja
  8. Muy molon
  9. Viva
  10. Gallen’s Shadow
  11. Solo un incomprendido
  12. Microliteraturas
  13. Endorfinas en mi mente
  14. Desorbitados
  15. Byluis7

-Contar siete cosas sobre ti:

  1. Tengo más libros de los que podré leerme en una vida.
  2. Escribir para mí es como respirar.
  3. Creo en el amor por encima de todas las cosas.
  4. También creo firmemente que la música tiene un poder curativo y hasta místico.
  5. Me encanta viajar, sobre todo al norte de Europa.
  6. Me gustaría vivir cerca del mar.
  7. Soy un desastre con las nuevas tecnologías.

-Mensaje final:

Este post es para demostrarle a los nominados mi reconocimiento y mi agradecimiento por compartir su talento con todos, por lo que, hacer este mismo post (si no lo han hecho ya) o no, es cosa totalmente suya. Muchas gracias a todos 🙂

“El abrecartas” de Vicente Molina Foix

Este año me he unido al Club de Lectura de la Universidad. Lo descubrí un día de casualidad: un pequeño folio colgado del corcho anunciaba las reuniones dos veces por semana. No hizo falta que me lo pensara mucho.

Hasta ahora hemos leído “El paraíso en la otra esquina” de Mario Vargas Llosa, “El comité de la noche” de Belén Gopegui, “Antes que anochezca” de Reinaldo Arenas, y mi favorito, “El abrecartas” de Vicente Molina Foix.

He disfrutado tantísimo leyendo este libro, que era un deber para mí el compartirlo, y aquí os lo traigo esta tarde de lunes festivo.

“El abrecartas” está construido enteramente a base de epístolas –aunque también contiene algún informe policial, así como una confesión de uno de los personajes de estas cartas- que nos llevan de la mano por los años previos a la Guerra Civil española (la primera carta está fechada en 1927) hasta 1999, es decir, el libro hace todo un recorrido por los años de la República, la Guerra Civil, los duros años de la posguerra y, finalmente, la Transición. Pero no es el contenido histórico lo más relevante de esta novela, sino la galería de personajes inolvidables (muchos de ellos reales) con los que Molina Foix juega y convierte en conductores de la trama.

Aunque al principio pueden parecer historias aisladas y sin ninguna conexión, a medida que vamos avanzando y creciendo con los personajes, se van revelando una serie de circunstancias y coincidencias que crean un hilo entre todos ellos, hasta construir una tela de araña en la que están todos atrapados.

Molina Foix sabe perfectamente cómo captar la atención y el interés de su lector, cambiando de historia justo en los episodios más emocionantes, introduciendo una nueva trama y cambiando el escenario por completo (aunque todos comparten el mismo tiempo histórico), sumergiéndote por completo en los pensamientos, recuerdos, sueños y anhelos de sus personajes.

Llama la atención cómo el escritor coge a las personalidades más destacadas de la época y los convierte en personajes de su novela, “literalizándolos” y presentándolos ante el lector con una cara nueva, con sus debilidades y sus pasiones. La correspondencia entre Andrés Acero y Carlos Bousoño, donde el primero le relata su historia de amor con Vicente Aleixandre es una auténtica maravilla, así como la conmovedora historia que abre el libro, la de Rafael Sanahuja y la profunda admiración que profesa a Federico García Lorca. Hay que destacar además, que se hace referencia al propio Molina Foix en la obra, como un artista que empieza a despuntar en la época de la posguerra.

El libro es profundamente sensible y conmovedor, tiene unos pasajes muy trágicos, como la historia Alfonso Enríquez y  su esposa Manuela, pero también tiene algunas partes disparatadas, como los informes de Trinidad Douce a la policía. Además, Molina Foix va adaptando su estilo de escritura según los personajes que escriben las cartas, así que podemos pasar de las epístolas desenfadadas y poco cuidadas de las adolescentes Begoña y Paquita, a las puramente literarias de los profesores Setefilla y Alfonso.

Es una novela magnífica que consigue teletransportarte en el tiempo y convertirte en un miembro más de la intrincada red de personajes que forma “El abrecartas”.

No puedo agradecerle lo suficiente al Club de Lectura el haberme descubierto este libro tan maravilloso. Leerlo si tenéis oportunidad, porque además de ser totalmente recomendable, su lectura es tan fácil y amena, que cuando te quieres dar cuenta, ya llevas cien páginas. Todo un hallazgo.

El ancho mar de los Sargazos

Me topé con este libro de pura casualidad.

Un día estaba leyendo curiosidades literarias en internet y descubrí esta “precuela” de Jane Eyre, y yo, como admiradora ferviente que soy de las hermanas Brönte, me lancé a su búsqueda. Sin embargo, y como nos suele ocurrir bastantes veces, tenía tantos libros que leerme antes, que lo dejé en la lista de libros pendientes.

Unas semanas más tarde, cuando estaba visitando a una amiga en Santander, lo distinguí en la estantería de su salón. Lo cogí con curiosidad y le conté a mi amiga lo que sabía sobre él. “Cógelo si quieres. Es de mi madre, pero seguro que te lo presta”, me dijo con una sonrisa. Así fue como llegó a mis manos este libro tan extraordinario.

El ancho mar de los Sargazos cuenta la historia de Antoinette Cosway, la primera mujer del señor Rochester (aunque el nombre de éste último no llega a aparecer nunca expresamente), una bellísima y misteriosa criolla jamaicana. Tras pasar una infancia muy difícil e inestable, debatiéndose entre los modales colonos de su familia británica y el misticismo de los isleños, Antoinette se casa con un noble inglés del que apenas sabe nada y del que recela. Tras una temporada feliz, pronto empiezan a circular rumores sobre el extraño comportamiento de la esposa criolla, que, como su madre, padece una rara enfermedad mental.

Toda la obra rezuma una sensibilidad exquisita y un delicado gusto por los sentimientos individuales de sus personajes, que intentan entender sus cambiantes estados de ánimo en unos paisajes totalmente idílicos. Confundidos por el calor asfixiante de Martinica, la línea entre la realidad y los sueños parece volverse inexistente. Jean Rhys mezcla además la santería isleña y las supersticiones populares para darle un matiz a la obra aún más sobrenatural. Con un romanticismo con ciertos toques góticos, Rhys entremezcla el amor y la muerte como dos realidades que no pueden entenderse separadas, y que terminan por llevar a la locura a la protagonista.

El narrador se intercala en primera persona entre Antoinette y el señor Rochestar sin previo aviso, lo que a veces dificulta un poco el seguimiento del libro. Además, toda la trama está construida en base a recuerdos y hay muy pocos “momentos actuales”, lo que intensifica la sensación onírica que impregna toda la novela.

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Jean Rhys, autora de la obra

La propia Jean Rhys, autora de la novela, tuvo una vida azarosa y complicada, casi como la de su protagonista. Nació en Dominica en 1890, de padre galés y madre criolla de origen escocés. Con dieciséis años se trasladó a Inglaterra, y allí vivió el mundo bohemio de la época, trabajando como modelo, actriz y corista. Su primera colección de cuentos apareció en 1927, y fue seguida por otras cuatro novelas que pasaron sin pena ni gloria. Rhys entonces desapareció de la vida pública y vivió en el más absoluto anonimato, hasta que en 1966 apareció El ancho mar de los Sargazos con la que se ganó la admiración del público y la crítica.

Como siempre, os dejo algunos de mis pasajes favoritos, para despertar un poco la curiosidad lectora en vosotros 🙂

“-Ojalá pudiese morir. Ahora que soy feliz. ¿Me ayudarías? No tendrías que matarme. Pídeme que me muera y moriré. ¿No me crees? Haz la prueba, pídeme que me muera y mira cómo muero.

-¡Muere, entonces! ¡Muere!- La vi morir muchas veces. A mi manera, no a la suya. Al sol, a la sombra, a la luz de la luna y a la luz de una vela. En las tardes tan largas, cuando la casa estaba vacía. Solo el sol nos acompañaba. Cerrábamos los postigos para que no entrase en casa. ¿Por qué no? Muy pronto ella empezó a estar tan ávida como yo de eso que se llama amor…, más perdida y ahogada después.”

“Ella dijo que amaba este lugar. Será la última vez que lo vea. Esperaré una lágrima, una lágrima humana. No esa odiosa cara de luna llena sin expresión alguna. Escucharé… Tal vez diga adiós, o adieu. Adieu, como en esas canciones antiguas que canta. […] Si dice eso, o si llora, tomaré entre mis brazos a mi lunática. Está loca, pero es mía, mía. No me importarán los dioses ni los diablos, ni siquiera el destino. Si sonríe o si llora o ambas cosas. Para mí.”

La bendición de la tierra

Esta fue la novela por la que el escritor noruego Knut Hamsun recibió el premio Nobel en 1920 y está considerada como una de las novelas más influyentes del siglo XX. Con esta carta de presentación, ¿cómo iba a resistirme a leerla?

Knut Hamsun es uno de esos escritores que no deja indiferente a nadie: o te encanta o te aburre hasta la muerte. A mí me pasó lo primero. Nuestro idilio comenzó con Hambreuna de sus obras más emblemáticas y uno de los libros más extraños y chocantes que he leído en mi vida. La elección del adjetivo “chocante” no ha sido fortuita, es simplemente que no se me ocurre otro término con el que referirme a nuestro primer encuentro: el libro es casi en su integridad un monólogo interior incesante sobre el angustioso hambre que atenaza al protagonista, que oscila entre la locura y el sentido común durante toda la obra. Me dejó tan perpleja y me atrajo tanto este modo de escribir, que no me lo pensé dos veces y fui directa a por Panotra de sus novelas más conocidas. La belleza de sus descripciones terminó por robarme el corazón.

Todas las obras de Hamsun que he leído hasta la fecha se componen de una narrativa sosegada con unos protagonistas problemáticos y contradictorios. Lo que más me ha sorprendido de La bendición de la tierra es que no hay un protagonista claro, sino que va rotando según el periodo de la historia que está desarrollando. Bien es cierto que la figura central de la obra es Isakel colono que da comienzo a la historia y entorno al cual se desarrolla toda la trama. Isak es un hombre muy sencillo, agricultor hasta la médula y un trabajador incansable. Lo único que se le puede reprochar es su carácter silencioso y simple, casi como un cavernícola, tal y como le describre Hamsun.

El escritor noruego amaba la vida en el campo. Frecuentemente se escapaba allí para escribir. Es por eso que sus narraciones están plagadas de extensas descripciones sobre la naturaleza: los árboles, los caminos, los animales… No son en absoluto pesadas o repetitivas, sino todo lo contrario: Hamsun intentaba reflejar la belleza de los bosques noruegos describiendo no sólo su apariencia física, sino también la sensorial.

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Fotograma de la adaptación del libro al cine en 1921

La bendición de la tierra es una historia sobre la infatigable lucha que supone la vida y encontrar tu lugar en ella. Es una historia sobre las relaciones humanas, sobre los estragos del aislamiento y sobre la capacidad de trabajo y superación del ser humano.

La narración corre a cargo de un narrador omnisciente que conoce todos los íntimos secretos de los diversos personajes que pululan por las páginas. Aunque la narración es lineal, hay veces que da saltos en el tiempo y no se especifica bien cuánto tiempo ha pasado, lo que es un poco confuso.

Uno de los aspectos más llamativos de este libro es que toca un tema que sigue siendo muy controvertido hoy en día: el aborto y los infanticidios por parte de las madres. Es probable que Hamsun quisiera hacer una crítica respecto a la supuesta despreocupación por parte de esas madres infanticidas. Me dejó muy sorprendida encontrar ese tema en un libro, en apariencia, tan sencillo como éste. Pero también hay hueco para la crítica a la vida en la gran ciudad, lejos de la tranquilidad del campo, donde todo es fugaz y vano. Podéis apreciarlo en este pasaje:

“Pues claro que Eleseus deseaba regresar a la ciudad, ¿quién lo dudaba? ¿A quien le apetecía pudrirse en el campo? ¡Él pensaba llegar muy alto! En casa no mencionó el cambio de situación, de nada serviría; además, se sentía un poco apático. La vida en Sellanra ejercía de nuevo su influencia sobre él, era una existencia aburrida y monótona, pero tranquila y adormecedora, que instaba a soñar. […] Que recuperara el gusto por el olor a hierba lombriguera tenía un pase, pero lo que no era lógico para un muchacho campesino era pensar, al oír ordeñar a su madre y a las chicas por las tardes: “Están ordeñando, ¿lo oyes? Escucha bien, qué extraño, una especie de canción de un solo chorro, tan diferente a la música de instrumentos de metal en la ciudad, a la del Ejército de Salvación y a la sirena del barco de vapor. Chorros de leche cayendo en un cubo…””

Claro que, hay que recordar que en Noruega no están muy orgullosos de Hamsun, ya que éste no tuvo ningún reparo en mostrar su apoyo a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Es por eso que tiene algunas ideas un poco… anticuadas, y los personajes femeninos salen bastante mal parados. Las mujeres de La bendición de la tierra son ignorantes, ingenuas y de moral relajada. Hamsun nos obsequia con alguna perlita como: “Las mujeres no distinguen a un hombre de otro, no siempre, o al menos no muy a menudo”. 

Pero bueno, no se lo tendremos en cuenta, ya que sus pensamientos saben compensar su falta de tacto con el género femenino, sobre todo cuando hay que hablar sobre la vida en el campo:

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Knut Hamsun

El colono no pierde la cabeza. El aire que respira es un raudal de salud, tiene público suficiente para lucir su ropa nueva, no echa de menos los diamantes y sólo conoce el vino por las bodas de Canaán. El colono no sufre por las maravillas que no puede tener: el arte, los periódicos, los lujos, la política, valen exactamente lo que la gente está dispuesta a pagar por ellos, nada más; pero las cosechas de la tierra, en cambio, hay que lograrlas a cualquier precio, pues son la base de todas las cosas, la única fuente. ¿Quién dice que la vida del colono es vacía y triste? ¡Nada más lejos de la verdad! ¡Cuenta con unas fuerzas superiores en las que refugiarse, sus sueños, sus enamoramientos, su fértil imaginación!”

Es una gran lectura que espero que os guste tanto como a mí 🙂